domingo, 24 de mayo de 2015

II



Los Arboles están quietos,
amarrados al suelo,
sus ramas se mueven
dios suspira
y la noche sigue cayendo
como el recuerdo de un muerto.

El cielo cae sobre la existencia,
el cielo es un abismo
derramando estrellas como erupciones,
los árboles cantan
reposan en el silencio la melodía
de su lengua de hoja.

En el afuera de la noche
los pequeños desterrados
se mecen entre el sueño y la vigía,
viajan mientras el frío nocturno
los va matando con su cuchillo
invisible que hiere olvido.

Los árboles conjugan
su silencio con la noche,
y entre sus copas
esconden los restos
de una luna,
una luna resquebrajada
casi fallecida
de tanto tiempo sobre el cielo.


Federico Espinosa.

domingo, 17 de mayo de 2015

Mañana de domingo



Mañana de domingo los perros ladran,
y sus ladridos le dan forma al silencio.

Las veredas vacías,unas hojas parten
a su propio funeral, el viento las enterrara
y volverán a la mudes de la madre tierra.

Las abuelas aparecen como aves temblorosas,
caminan lento mientras suena la voz metálica
de la campana de una iglesia lejana.

Mañana de domingo como una cruz 
pegada a mis espaldas,
busco redención, contemplo,
y el poema es eso que se va
en el pestañeo, lo que queda
entre el ojo y la ignorancia del mundo.  

Federico Espinosa.

domingo, 10 de mayo de 2015

Invisible.


Invisible y silencioso
soy un hombre tumba,
escondido en la fosa
de mis ojos tristes,
desterrado del mundo
dejo escapar mi susurro
de mínimos poemas
palabras pegadas
en la espalda del viento.

Cubrirse con la pureza
del olvido,
saberse muerto
y entender el mundo
con el silencio mudo
de la boca que llora.


Federico Espinosa.

lunes, 4 de mayo de 2015

Opinión sobre el poemario Desparaiso de Hernán Riveiro



Dicen que hay otra poesía en los alrededores, otra poesía que no habita los barrios canónicos de la palabra, quizás el libro del poeta Hernán Riveiro tenga ese aire de la periferia, palabras desde un lado marginal y alejado, poesía fresca con aliento austral.
Desparaiso es el primer libro de Hernán Riveiro no es raro que el autor haya elegido tal titulo para su obra pues Desparaiso no es más que el no paraíso, es el sentirse arrojado hacia la humanidad, hacia la realidad, hacia el dolor de ser lo que no está en ese cielo de lo divino. Desparaiso el paraíso de lo humano, la congoja risueña del hombre.
Encuentro en este poemario dos sentimientos muy marcados la existencia y el amor, el grito del ser y la voz de la piel femenina dejando su susurro en los oídos del poeta.
“Aquí uno es una sombra que camina en círculos” nos dice el poeta, bien esa sombra está hecha de miedos, de incertidumbre, dolores de la existencia, heridas que nos deja es des-paraíso terrenal que habitamos.
“Aquí no llega el sol y por lo tanto, no hay luz. / No se ve nada. / Por eso ya no tengo ojos más que cuando vienen los monstruos y nos espejamos.” En estas líneas la figura de la sombra se desvanece, es absorbida, el poeta baja un escalón más hacia el oscuro hades de su propio interior, negar el sol es matar su sombra es dejar solo la esencia. En este círculo dantesco donde Virgilio ha sido desterrado, Hernán se presiente, se siente, se huele con su otro lado, su “otro yo” el gemelo malvado quizás, o sus múltiples caras esta faceta humana que a veces nos muestra que hay demonios incontrolables en nuestras almas. El autor se va desarmando, va quitándose sus partes, sus sentidos, sin boca, sin oídos, sin ojos, sin labios, sin corazón; “Cuando escucho algo, lo hago desde el cerebro” aquí la razón vence a los sentidos Hernán se ha despojado de las vestiduras que ataviaban al cuerpo humano. Quizás por eso este escrito llamado “Desparaiso” termine con esta línea “Y seré solo una conciencia, que late” de esta manera el exilio se amplia y en el paraíso de los monstruos no hay lugar para esa conciencia que late.
Ahora la conciencia debe buscar un cuerpo, el poeta busca el amor, busca lo infinito, lo que la palabra apenas si puede pronunciar (la mujer) ese ser que con solo una mirada puede hacer renacer las raíces muertas del alma “el día que tus ojos/ derramaron su luz/ murió la poesía/ y nació mi corazón”. El hombre encuentra una mano, una piel y sin querer el amor. “transito tu piel/ y en cada beso/ tu voz me anuncia/ la llegada al paraíso. Acá el poeta siente que su redención, su perdón su entrada a ese paraíso perdido esta en la mujer, en el sentimiento en eso que simplemente se llama amor.
Pero Hernán es consciente que su redención también trae gotas, pintitas de dolor “siempre me desilusiono/ y me creo el cuentito/ de que ya no soy aquel tonto/ que no puede sacarse/ una mujer del cuerpo”. La conciencia del eterno retorno, ese camino que es la imagen de la mujer, y el espejismo de un lejano paraíso.
Esta es mi humilde lectura del poemario “Desparaiso” del poeta y amigo Hernán Riveiro.



domingo, 3 de mayo de 2015

Nunca.



Nunca sabré lo que pasa en el cielo
deje de ser ángel
cuando el creador me vomitó en la tierra,
soy un ser vinagre
hijo de una noche de vino
me predijo la nausea, la arcada
de un estomago revuelto,
y nací como un vástago devuelto vomitado.

Nunca sabré lo que pasa en el cielo
oruga eterna de vuelo dormido.

Federico Espinosa.