martes, 27 de septiembre de 2016

Cinco golpes de silencio


Mueve su mano
el palo sube y baja
a cada golpe se levanta tierra 
y aparece un nuevo silencio.

Una perra llora y ladra
camina merodeando
la orilla de un canal de agua.

El hombre se va
a sus espaldas deja un palo
lleno de sangre
y cinco cachorritos muertos
cinco nuevos silencios
adornando la muerte
con sus cabecitas rotas.

La perra llora, mientras la bestia
se aleja convertida en ese hombre
que lleno el mundo de pequeños silencios.

Federico Espinosa.
                                                                                                                                                     

lunes, 26 de septiembre de 2016

Opinión de Horacio Beascochea sobre Intemperie.

Intemperie, de Federico Espinosa

Ante todo y se lo dije a Fede charlando, me sorprendió la invitación a participar de esta presentación. Más allá del halago de que haya pensado en mí para acompañarlo, me sigo preguntando sobre mi autoridad para hablar de poesía. Y no es falsa modestia, lo considero un género muy difícil, de una lucha absolutamente desigual, quizás porque a mí me es más sencillo combinar palabras para contar historias. ¿Pero quién dijo que la poesía no puede contar historias?
Algo de esto hay en Intemperie.
Según el diccionario (o cementerio de las palabras como plantearía Cortázar) Intemperie se significa la desigualdad del tiempo. También, como alocución adverbial, es “a cielo descubierto, sin techo ni otro reparo alguno”.
Y las dos definiciones se aplican a la obra de Federico. De algún modo  Intemperie es una denuncia  y no solo contra el tiempo. También contra las desigualdades. Las propias ante un devenir que no se detiene y ante la imposibilidad de explicar o acercarnos a eso que de manera convencional llamamos realidad y con lo que hacemos un pacto de vida.
Hay en la obra también una mirada que se posa en la hamaca de una plaza, que puede llegar a ser fantasmal, un perro, el silencio o los gorriones, el amor y esa cosa de buscar uno dentro de otro/dos para quemar el mundo, dos para soñar.
Pero por sobre todo, Intemperie es una obra de contrastes y de denuncias. El flâneur de Benjamin, paseante que recorre las ciudades y señala lo que otros no ve o no quieren ver porque incomoda. Pero también es capaz de maravillarse con un charco de agua marrón y encontrar un poema escrito en una calle. Bueno, supongo que por eso es poeta.
Intentar esbozar esta breve introducción, me llevo a preguntarme qué es la poesía. Sin dudarlo intuyo que es aquello que nos permite transitar, denunciar y esbozar el tránsito por esto que llamamos mundo, aunque haya otros que no vemos y que convivan con el nuestro. Es esa palabra que nunca hallaremos y seguimos buscando para demostrar un estado (no de Facebook), pero sí de la vida, ese instante que nos conmueve, la ineludible necesidad de confiarla en un verso.
Buena parte de Intemperie interpela a Neuquén, ciudad de contrastes si las hay. ¿Se puede trazar algo en común que identifique a las y los neuquinos? Yo no me atrevo, más allá de una construcción que puede echar mano a elementos icónicos y entronizados desde algunos círculos de poder.
 Igualmente, si tuviera que señalar algo, sería el viento, ese que en Ojos cerrados, cubre de arena las calles/le tapa los sueños a los ojos de la niña/le entierra la vida. No es un viento cualquiera. Se ensaña con los que menos tienen. Solo hay que verlo. Y Federico lo ve.
Intemperie cuenta algo de eso y me atrevo a escribir cuenta, a pesar de que es un libro de poesía. En ciudad claroscura pueden verse las casillas de las tomas/envueltas con bolsas negras/cobijan a los niños. En el mismo poema también irrumpen en el espacio paseantes en autos de alta gama, abuelos con sus caniches toy y mujeres que hacen ejercicio. Hay algo de cielo e infierno en esta ciudad/solo quisiera saber quiénes son los ángeles/y quiénes son los demonios, se pregunta el poeta.
También hay varios poemas le hablan a la meseta, esa Neuquén de la pobreza y las tomas, los carros de cartoneros, las casillas precarias que se queman con el afán de engañar al frío y perder la vida en ello, en tiempo de tarifazos impagables y gas que no es para todos, por más que salga de esta tierra.
Morí en un pedazo de tierra/llena de garrapatas/donde las heridas cicatrizan/en una misa amarga sin hostia ni señor, se lee en “Casilla quemada”. Todavía arde el fuego/se siente el olor a mi carne quemada/los perros sienten mi ausencia/yo no era su amo, era su hermano/nadie más llora, mañana seré olvido, en un intento de alertarnos a sucesos que de tan repetidos parecen cotidianos. Hay en la mirada del poeta una sensibilidad especial para esas muertes que no importan, una denuncia contra algo que parece naturalizado y que la poesía pone en evidencia para interpelarnos.
Hay otros poemas, en donde la palabra no alcanza. Uno de ellos es “La figura”, el rebusque diario para sobrevivir, la disputa por el centavo, el humo, la figura y detrás el niño/ El silencio dicta que la palabra/hasta aquí llegó.
Y aquí un nuevo punto. Intemperie dialoga con los silencios. Los impone. Enmudecemos ante algunas imágenes y nos quedamos sin respuestas. Podríamos esbozar que Intemperie puede leerse como una totalidad, con momentos que hacen hincapié y alertan sobre la naturalización de la injusticia y la pobreza, Pero también advierte sobre la imposibilidad de abarcarlo todo, la necesidad de combatir el olvido con las palabras, para que algunos no pierdan la esperanza, leo en Solo este poema.
Como cierre, creo que el libro transita un recorrido para contar algo y lo logra.  Cada uno de nosotros se anclará en aquello que lo conmueve.
Mis sentidos se llenan de momentos/de la locura brotan palabras/ nuevamente solo parado frente al silencio/soy el poeta con la boca cosida, dicen los versos de Retrato, versos con los que disiento, porque si algo no es Federico, es justamente el poeta de la boca cosida, sino una voz potente que recita su verdad, entre el viento, el desierto y la ciudad.
De boca cosida, nada, amigo.


Horacio Beascochea

sábado, 10 de septiembre de 2016

Ceguera

Es así todos los días
caminos de tierra
casillas de cartón
desafiando la barda
perros muertos
en esa cita del celo,
que chico es el mundo
cuando el sufrimiento
entra por los ojos.

Vuelvo del trabajo
tanto ver anida ceguera.

Federico Espinosa

miércoles, 7 de septiembre de 2016

El filósofo Mena

El profesor siempre le preguntaba
- ¿Y Mena por qué piensa que es así?-
Él siempre respondía - Es así porque es así-
Las carcajadas brotaban en el aula.

Algo de ese recuerdo vino hoy
me pregunte a mi mismo
¿por qué esto es así?
la realidad es que es así
porque debe ser de esa manera
porque aunque se vean muchos caminos
nuestros pasos solo siguen un sendero.

Es así porque es así uno anda a ciegas
buscando respuestas en la oscuridad.

Federico Espinosa.

martes, 9 de agosto de 2016

Asumo los pasos de mi errancia

Me levanto regreso al mundo
resucito con el agua en la cara,
le robo el Nestum al bebé, 
salgo los trámites me joden
pago el alquiler
una de las mejores maneras
de despilfarrar dinero,
me voy al centro
busco una revista de poesía
y no la encuentro,
debo ir al correo
pero quiero dejarlo para la tarde
me come el remordimiento
a veces uno se toma
demasiado en serio las cosas,
el sol el poncho de los pobres
hace un poco más suave la mañana,
miro vidrieras
lo que ayer valía unos pesos
hoy vale casi una vida,
estoy en una ciudad siempre gris
no sé si el destino es trágico
en la disquera suena Uomo del sud de Piazzola
siento tanta tristeza
yo soy un chico del sur
no sé qué demonios
hago en esta ciudad,
extraño la lluvia eterna,
la nieve silenciosa,
el ruido de ola de los álamos;
aunque uno se estire como un elástico
tu origen te hace volver,
tantas veces envidie a los loros
que siempre se iban sabiendo
que en unos meses volverían,
ya sé que uno toma decisiones
que vienen consecuencias
y que hay que asumirlas
pero hoy como nunca extraño
y asumo los pasos de mi errancia.
Federico Espinosa.

sábado, 6 de agosto de 2016

Poema a Ana Bolena

(Escrito bajo el delirio de un vino añejo)
La luz entrando por la ventana
llenando de claridad la habitación,
iluminando sobre la cama el cuerpo desnudo de Ana.
Sus dos hermosos montes blancos y su división
yacen cerca de mis manos que la cubren como guantes de lana,
tantas palabras para decir simplemente,
¡que linda es la cola de Ana!
La mesa de luz posa un vaso de agua en extinción,
que deja rodar una gota sobre la superficie plana…
Enciendo el ventilador que gira como una eterna
canción, tu cuerpo desnudo se estremece y te cubres
con la sabana.
El sol acapara todo el cuarto como una gran explosión
y trasluce debajo de las sabanas los tristes pezones de Ana,
que resurge de la cama y camina desnuda hacia la ventana.
Sonríe y con mucha sensualidad cierra las ventanas de mi imaginación.
Federico Espinosa.

sábado, 23 de julio de 2016

Mi libro Intemperie se puede comprar online.

Gente si alguien quiere adquirir mi nuevo libro puede hacerlo vía online en Librería Norte. Hagan click sobre la imagen del libro y los llevara a la pagina de Libreria Norte.

miércoles, 20 de julio de 2016

Disparos

Disparos
vidas que se van,
disparos
figuras que se borran,
disparos
ausencias que llegan,
disparos
nombres que se tachan,
disparos
sonrisas perdidas,
disparos
sueños que se duermen,
disparos
dolor de madre sin hijo,
disparos
sangre envuelta en lágrimas,
disparos
muerte buscando cuerpos,
vidas, figuras, nombres,
sonrisas, sueños, sangre,
muerte dejando
ausencias, dolor, lágrimas,
muerte ese silencio
que nadie se atreve a pronunciar.

Disparos
recolectando vidas
en los barrios del oeste.
Disparos clandestinos,
disparos policiales,
la muerte disfrazada de bala,
la bala sin bandera,
la bala asesina
que sale buscando
a su victima
cuando estalla
ese maldito disparo.

Federico Espinosa.

martes, 5 de julio de 2016

EL INFORME DEL VERDUGO

La herida estaba abierta, arrojaba pequeños saltos de sangre, que caían sobre el suelo y formaban un charco rojo en la tierra y despedían burbujas blancas, la mano era una venda inservible cediendo al cauce sanguíneo que se escapaba por la fisura de los dedos.
Nada podía hacer, estaba a merced de la negra parca, sabía que el ejecutor cumpliría a la perfección su acto, ya sea por inercia o puro instinto asesino, nada había por hacer, solo cerrar los ojos y entregarme a los designios del destino, pero no es tan fácil renunciar a esta vida, desprenderse de todo aquello que a uno lo rodea, es como que sentir el fin cercano le al hombre nuevos valores, acaso multiplica la idiotez de la valentía.
En un descuido el combate comenzó nuevamente, golpes de puño, patadas, cabezazos y un susurro que bajo la lluvia no se escucho, y otra vez de rodillas en el suelo, con una nueva herida que abría otro boquete por donde la sangre escapaba, esta vez no había atajos para la muerte.
La mirada estaba perdida entre la nada y la lluvia, buscaba quizás la vaga y esporádica esperanza que todo hombre espera, esa añoranza de salvación, ese simple espejismo que trae consigo la inmediata destrucción.
Y mientras el agua adelanta el funeral, la fuerza parece irse de los miembros que poco a poco van perdiendo su calor, solo la voz resiste y pide clemencia es en vano, Julio Cesar diría “La suerte está echada”.
Los sentidos comienzan a ceder pero para apurar el fin la patada llega a la cabeza, y boca abajo los labios se humedecen con el agua y el barro, la impotencia llega en forma de llanto y arrastra el ultimo hálito de vida como un mísero gusano, la terrible sensación de que algo se pierde para siempre y ver frente a los ojos el caño del revólver y recordar todo lo que hiciste en la vida, antes que la bala entre a tu cabeza y reviente tus sesos para asesinarte.
Pobre hombre tuve que matarlo, no sé quien era pero creo que sabía demasiado, fui su verdugo como tantas veces lo he sido de otros hombres.
En el informe de mis asesinatos debo decir que todas las victimas cumplen el mismo patrón antes de su muerte.

Federico Espinosa.

lunes, 4 de julio de 2016

Todo es una extensión del silencio


La uñas crecen más allá de la vida,
escarban el recuerdo
reducido al espacio del ataúd,
se extienden por debajo de la luz
son las raíces del muerto.

Los cadáveres van enraizando
el subsuelo sin dios de la muerte,
y desde abajo socavan
construyen esa historia
parecida al miedo,
van pariendo la imagen
de sus fantasmas.

La rebelión es un ánima
de uñas largas,
“vendrá la muerte y tendrá tus ojos”
vendrá la vida y tendrás tu muerte,
todo es una extensión del silencio.

Federico Espinosa.

martes, 28 de junio de 2016

El fuego en el pastizal

El pasto seco se quema
el fuego lo borra
creando un paisaje distinto,
solo cenizas
y brazas rojas se extinguen
sobre la tierra,
también se apagan los recuerdos
de las sombras de niños
perdidos en el pastizal,
todo se quema con constancia
la constancia es el alma del fuego.
Federico Espinosa.

martes, 7 de junio de 2016

Dejarme ser

El río avanza
hace frío
miro sus aguas
que dejan ir
su sustancia
su alma liquida,
quisiera yo
ese dejarme ir
ese correr
tan desprovisto
de todo,
la valentía inconsciente
de avanzar por el cauce,
ir con la corriente furiosa
doblegando el destino,
desperdigarme sin miedo
dejarme ser para afrontar
lo desconocido.

Federico Espinosa

jueves, 2 de junio de 2016

Mean su culpa


Agarrar ese papel blanco
dejarlo en la urna
fue soltarle la mano
a tu prójimo,
fue decirle adiós
al futuro de los tuyos,
los tuyos tus continuaciones,
mirar para otro lado no sirve
jugás de un lado o del otro
no comprés los boletos
de un simple espectador.

Federico espinosa.


martes, 31 de mayo de 2016

domingo, 8 de mayo de 2016

Mis dos abuelas

Una de mis abuelas es alegre
camina, anda es movimiento.


-Hay que ver el mundo hasta
el último pestañeo- dice

Debes en cuando su corazón
se agranda el medico
le indica que deje de caminar
pero apenas sale del hospital
camina las calles,
peregrina de hijo a hijo
lleva un palo se apoya en él y sonríe.

Tuve otra abuela parca como la sal
vivía encerrada era quietud.

-Ese ya no es mi mundo, los que conocí
ya se fueron- decía

Cuando llovía por días enteros
esperaba que no quedara
ni un alma por las calles
y salía a oler la lluvia
porque en el silencio del pueblo
el aguacero la hacía parte del mundo.

Federico Espinosa.