viernes, 13 de abril de 2012

La Noche de la Sirena

Caía la lluvia de forma persistente y con tal fuerza que parecía tener voluntad propia. La calle comenzaba a inundarse y el agua corría furiosa como un río salvaje llevando todo tipo de basura a su destino en las bocas de tormenta.
A lo lejos avanza alguien a paso lento como temiendo la cercanía de una trampa. En su mano reluce el cristal de una botella ya vacía. Un ser ebrio y desorientado camina bajo el gran diluvio parecido a su vida.
Mientras los relámpagos iluminan el cielo cubierto de enormes nubes negras, un trueno poderoso hace temblar la tierra. El hombre se ha quedado parado en el medio de la vereda, por su barba crecida avanzan las gotas buscando el suelo, su ropa parece adherírsele a la piel  pues se ha mojado toda, su mirada se ha quedado estática sobre el centro de esa marea de agua sucia, la botella cae y es arrastrada por la correntada pero el parece no haberse dado cuenta. Un nuevo relámpago ilumina toda le escena, el viejo ebrio grita con todas sus fuerzas, sus palabras no se entienden, quiere correr pero cae y en el movimiento desesperado de sus brazos puede notarse que el miedo más atroz lo ha invadido, intenta huir como si fuera un niño que comienza a gatear. Creo que no se ha dado cuenta de mi presencia. Tiene los ojos abiertos enormemente y su rostro es una mueca rígida de terror, a duras penas se ha puesto de pie. Puedo ver que tiembla al grito de –No estoy loco usted también la está viendo- por un momento pienso que me habla a mí, pero al instante el señala el otro lado de la vereda y vuelve a gritar –Usted también la vio- recién ahí puedo ver que hay otra persona, no distingo si es hombre o mujer pero noto en su mirada una especie de extraña sonrisa, mueve perspicazmente su cabeza y con su mano derecha me señala el centro de la calle inundada, en el medio de la misma una bella mujer  nadando  muestra feliz las escamas de su aleta.
Al otro día en el bar de la esquina todos se burlan del pobre borrachín que jura y perjura que ante sus ojos la noche anterior nado una sirena. Yo sé que no miente y también lo sabe el hombre o la mujer de la extraña sonrisa.

Uno de los cuentos de un futuro libro titulado "Las Puertas"

2 comentarios:

  1. Seguro que no miente. Solo sucede que muchas personas no pueden ver, acosadas por las anteojeras cotidianas.

    Saludos

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    1. Gracias Horacio por tu comentario, y es cierto la sirena es eso que se nos va, el borracho es el escritor que todavia cree ver cosas fantasticas, y los incredulos del bar es esa sociedad como decis vos con anteojeras cotidianas.
      Saludos

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