martes, 28 de junio de 2011

Pequeño ensayo

Amo viajar de noche porque solo somos luces en una ruta oscura, que se parece tanto al destino y a la nada.
Una y mil veces he intentado sobornar al futuro pero siempre es como si de alguna extraña forma, estuviera  llevando a cabo un auto robo. Qué inaudito acto me lleva a esta auto flagelación de mi futuro tal vez la loca idea de que nada hay allá adelante y que nada queda detrás de mis espaldas.
Entonces el ahogo de mi ser  se acentúa no puedo correr hacia adelante y tampoco refugiarme en mi pasado. Perderse en el laberinto interno que uno mismo construyo a lo largo de los años podría ser el patético resumen de una vida  inerte.
Vivo solo para el presente. Que puedo esperar  si la realidad es como un golpe fulminante de nocaut. Lo momentáneo me pertenece no por anhelarlo sino por heredarlo, soy como el hijo de la soberbia y la apariencia. Y cuando  noto que el adelante y el atrás no me pertenecen, siento que soy un hombre atrapado en un segmento.
Por eso huyo sin saber adonde voy, lo único que me guía son mis pasos. Alrededor todo es un mundo tan lejano a mí, nada quiero de él y nada de él me pertenece.
La garganta seca y el alma vacía, son la extraña herida del hombre actual, son mi herida, mi dolor, mi triste condena de soledad absoluta.
Tantos han cargado cruces sobre sus espaldas, han sufrido por los demás, y a ellos solo me une la lejanía de un pasado que no me pertenece.
Así soy, así somos los nuevos andantes de un mundo en decadencia, que gira sin saber a dónde va este hombre segmento  de la sociedad.



jueves, 23 de junio de 2011

LEYENDA DE LOS RÍOS NEUQUÉN, LIMAY Y NEGRO

Neuquén y Limay eran hijos de dos caciques que tenían sus toldos, uno al norte y el otro al sur. Un día escucharon una dulce canción que provenía de la orilla del lago. Hacia allí se dirigieron y sus ojos se dilataron al descubrir una linda joven mapuche de largas trenzas negras. –¿Cómo te llamas? -inquirió Limay – Me llamo Raihué - contestó ella bajando sus negros ojos.

Ambos muchachos se enamoraron de la hermosa joven y ya en el camino de regreso sintieron que los celos rompían su antigua amistad. Cuando su distanciamiento se fue acentuando con el pasar de las lunas, preocupados sus padres consultaron a una machi, quien les explicó la causa de la enemistad de sus hijos. De común acuerdo propusieron a los jóvenes una prueba. –“¿Qué es lo que más te gustaría tener? “- preguntaron a Raihué (flor nueva). – “Una caracola para escuchar en ella el rumor del mar” - contestó. – “El primero que llegue hasta el mar y regrese con el pedido, tendrá como premio el amor de Raihué” - sentenciaron unánimemente los padres. Consultados los dioses, convirtieron a los dos jóvenes en ríos y empezaron el largo camino hacia el océano. Pero el espíritu del viento, envidioso por no haber sido tomado en cuenta, comenzó a susurrar al oído de la joven enamorada: -¡Neuquén y Limay jamás volverán! Las estrellas que caen al mar se convierten en hermosas mujeres que seducen a los hombres aprisionándolos en el fondo del mar. ¡Nunca los volverás a ver!-. El corazón de Raihué se fue marchitando de angustia y dolor con estos pensamientos, al ver pasar el tiempo sin que sus amados regresaran. Se dirigió entonces a la orilla del lago donde había conocido el amor y extendiendo sus brazos ofreció su vida a Nguenechén (Dios), a cambio de la salvación de los jóvenes. Dios escuchó su oración y la convirtió en un frondoso árbol cuyas raíces fueron penetrando en la húmeda tierra y elevando su frondosa copa hacia el cielo. El envidioso viento voló a contarles lo acaecido a los jóvenes, que salvando mil obstáculos, corrían hacia el mar. Sopló con tanta fuerza que desvió el curso de los ríos hasta juntarlos para darles la noticia y gozar con su dolor. Cuando comprendieron que Raihué había muerto de amor por su causa, depusieron todo su resentimiento anterior y se abrazaron estrechamente vistiéndose de luto por su amada. Así, unidas sus aguas para no separarse más, siguieron su camino hacia el mar, dando origen al Río Negro.


Leyenda Mapuche Anonima


lunes, 6 de junio de 2011

Destello

A veces tan solo
como
el alma de Lot,
habita
en mi interior
una imagen
de sal.
La piel
y el silencio
origen
de un nuevo ser
que derrama
sus pasos
por el borde
del horizonte
siempre inalcanzable.
Una melodía
de vida
se mezcla
con un canto
de muerte,
y el corazón
que late
se embriaga
al son
del tiempo y su canto de sirena.
La esperanza
pasa como un trapo sucio
por mi alma,
deshilachandose en pequeñas
hebras de nada.
Y en el desierto de mi interior
ella y yo somos
una misma imagen de sal en el olvido.

jueves, 2 de junio de 2011

Mirando a un jardinero

Deshojando
flores
entre hoja y hoja
se le cae la vida,
sus manos
son un canto romántico
a la comunión con la tierra,
del tallo a su mirada
nace un fino destello
lleno de un sabio silencio