viernes, 29 de mayo de 2009

EL GRANERO DEL MUNDO

En la madrugada de un Lunes de Enero, Roberto Perri se encontraba de guardia en el hospital municipal de su pueblo, todo había transcurrido demasiado tranquilo, salvo por un hombre con una terrible borrachera llevado por la policía.
A última hora llego una mujer con dolores de parto, Roberto la observo, era de tez marrón y cara aindiada y de estatura infantil, luego de preparar la sala de parto el doctor, las enfermeras y la futura madre entraron y cerraron la puerta; media hora después estás se abrían y aparecía un sonriente Roberto diciendo -Felicidades mi amigo es papá de una hermosa niña-
-Gracias señor- contesto el tímido padre con una leve sonrisa.
Al termino de su guardia Roberto partió rumbo a su casa con el orgullo de haber ayudado a traer una vida más al mundo.
Luego de dos días él volvió a su trabajo, pensó en ir a ver como se encontraba la madre y su hija, pero ellas ya se habían ido, sintió una leve tristeza mientras caminaba por el pasillo; de pronto como salida de la nada una mano toco su espalda, al girar encontró frente a él a la humilde madre que sonriendo le dijo -Muchas gracias dotor- las palabras de ella con su acento aborigen le causaron a Roberto una cálida alegría.
-¿Y la beba como esta?- pregunto él
-Ah ella esta buenita-
-¿Qué nombre le pusieron?-
-Ella se llama Sandra Parra- dijo la madre con orgullo.
El tiempo transcurrió rápidamente Roberto se caso, ocho meses después nacía su primer hijo, la prosperidad reinaba en la familia Perri. Pero al final del séptimo año de casado la crisis económica hizo estragos en la vida de Roberto como en la mayoría de las familias de todo su país, comenzo el atrazo de la paga de los sueldos, las falsas promesas, la lucha en los gremios y a todo esto la acentuada decadencia en el hospital, las descascaradas salas de atención mostraban en sus paredes el daño hecho por la humedad.
El reclamo de Roberto molestaba a las autoridades, que buscaron la forma de silenciar al doctor enviándolo a trabajar en una ambulancia de emergencias.
La familia Parra vivía de su artesanía, en un principio parecía que esto era suficiente, pero el nacimiento de tres hijos en cinco años hizo que poco a poco todo se fuera complicando, la desesperación del padre y de la madre al ver que no alcanzaba el dinero, los obligo a trabajar por unos centavos al día, también su voto fue comprado con promesas políticas pero todo fue mentira y como es costumbre política se olvidaron de ellos inmediatamente terminada la elección.
Sandra al cumplir siete años parecía una niña de menor edad, tenia ojeras pronunciadas y hablaba con una voz muy tenue, al principio almorzaba en el comedor escolar y a veces cenaba por las noches, su abdomen era pronunciado, al finalizar las clases se dijo que no había presupuesto para mantener el comedor en vacaciones.
Entonces con las pocas fuerzas que tenia, Sandra recorría los restauran pidiendo comida para ella y sus hermanos, hubo días en que conseguía algo, pero su pequeña voluntad poco a poco se fe quebrando, hasta quedar tendida en la cama, sus padres le daban agua he intentaban hacerla caminar.
La radio de la ambulancia recibió un mensaje y al instante Roberto se dirigía al lugar donde se lo necesitaba, era una casa de barro y techo de adobe, miro a los padres le parecían familiares, al ver a la niña la impotencia y las ganas de llorar lo invadieron, le tomo el pulso era débil, al levantarla noto que la niña no podía mantener recto su cuello y que su cabeza caía hacia atrás.
La pequeña murió camino al hospital, estaba desnutrida y deshidratada, el doctor pregunto el nombre de la niña.
-Sandra Parra- dijo la enfermera
El llanto broto de los ojos de Roberto, sus manos la habían traído al mundo y en sus manos se fue para siempre de el.
Al ver las noticias en la televisión, Roberto dijo en silencio -En el granero del mundo también se muere la gente de hambre-.

2 comentarios:

  1. hola señor de arena! vine a recoger mi montoncito,pero vio,se escurre!
    te seguire...
    lidia

    ResponderEliminar
  2. Gracias Lidia y toma el montoncito sin miedo quizás de esa manera no se escurra! un abrazo

    ResponderEliminar