lunes, 5 de diciembre de 2016

Mono no aware (o la dulce tristeza de las cosas)

la mujer dormida
se lleva la paz del mundo
afuera el viento y sus furias
decapitan flores,
que fina es la línea
que separa la serenidad
de la piel en reposo
del caos desordenado,
apenas un vidrio
apenas unos ojos cerrados
y en esa contradicción
hay tanta vida perdida,
días de arena en el aire
se repetirán
hasta el fin de los tiempos
pero esta mujer
dormida
frente a mis ojos
será hoy y solo hoy
hasta el final de mis días.

Federico Espinosa.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Una reseña a Oido libro de Pablo Cazayous



Oído o los silencios que habitan la palabra.
Opinión de Oído nuevo libro de poemas de Pablo Cazayous.


¿Pablo qué tipo de poeta sos? siempre quise hacerle esa pregunta a Pablo Cazayous, creo que me diría soy histriónico, movedizo, directo, capturador de las palabras precisas, en fin creo que él diría eso o quizás yo diría eso de él.
En su nuevo libro de poemas “Oído” el poeta va de la poesía al acto narrativo sin que en el mismo deje de percibirse su alma poética, Pablo hace nacer de una palabra chiquita un inmenso poema que puede buscar el origen de aquella primer palabra por eso dice en estos versos
“Palabra, palabras
eco de la distancia
que habrá sido
sustantivo o verbo”
Ese buscador, explorador del génesis del primer vocablo, busca que esa palabra que interpela su mente se deje ver, sea  una acción un dejarse ser para los demás o esa junta de letras que designan un algo y quizás un todo.
“Quiero encontrarte
escribirte.
Dime si te encuentro
cómo te nombro”
Luego siguiendo el sendero del oído los silencios se van rompiendo, un arco iris de palabras van quedando plasmadas dentro del poemario, buscar una realidad en la palabra es buscar la voz del poeta con aquello que lo rodea que lo acerca a la sociedad, a la ciudad, a los otros, Dice en uno de sus poemas
“se justifica un enfermero
por la ausencia de una aguja
se justifica un cocinero
por la ausencia de un plato”
En esta forma de interpelar la realidad buscándole una respuesta a la justificación el poeta llega con sus maneras, con sus propias palabras a un pedido casi unánime que yace en los labios de una sociedad dormida
pero señores, no me justifiquen
los atropellos, los crímenes
las desapariciones, “la conquista
de los pueblos”,
no me pongan una cruz
diciéndome: “perdón, fueron errores”
El camino del libro fluye como un río claro, se ven sus profundidades sus peces de colores que si pudieran pintarían la guerra con sus escamas de vida.
Todo poeta tiene un alma inquieta, que busca darle forma, moldear esta arcilla infinita de las palabras todo eso unido a la mirada cubierta por el asombro va derivando en una narrativa de germinación poética
Nos enseñaron que somos árboles, que crecemos desde debajo de la tierra, que nos alimentamos de cosas muertas, para darle oxígeno a cosas vivas que después serán cosas muertas. Qué difícil es el transcurrir de los árboles, cuan complicado es. Sería tan fácil, si nos hubieran dejado ser, simplemente florecer al ser
Dejándome llevar por los sonidos de Oído solo puedo asociarlo con esa bella melodía de la lluvia, con esa fragilidad de la rosa frente al viento, con la sensación de sabiduría detrás de la vejez, Oído es un libro escrito por un poeta rotundamente humano, que se da en versos y florece como debe florecer un buen poeta en el alma de los demás.

Federico Espinosa.


jueves, 24 de noviembre de 2016

Murmura la ciudad y el poema no es exacto

Sobre el cable las palomas 
como prendas 
en un cordel secándose al sol,
en una solo gota de agua
habita la inquietud de la lluvia,
en el pedazo de ala tirada en la vereda
el vuelo muestra la finitud de su aleteo.

Murmura la ciudad
y el poema no es exacto
sus pocas letras
son un acolchado percudido
roído, masticado
por la polilla del silencio.

La poesía es un pequeño continente
donde se refugia el mundo.

Federico Espinosa.





lunes, 21 de noviembre de 2016

La sombra es mi lado cobarde

Contemplar las arrugas
como quien mira
un libro de historia,
en el asomo al mundo
uno escala día a día
las alturas de sus sueños,
la vejez parece entrar
por las manos
el cuerpo es un nido
frente a la tempestad
de las horas.

La sombra es mi lado cobarde
niega su huella al camino de tierra,

querer estar como cualquier naipe barato
enredado
en el azar de tu destino,
y sin embargo
a la hora del juego
soy la última carta
en el mazo,
la baraja con el arlequín
de manos arrugadas.

Federico Espinosa.

jueves, 17 de noviembre de 2016

El destino es esa mierda

Ni las alas en pleno vuelo
aseguran un buen destino,
se gastan las plumas
y ya en el suelo
el cuero se pone duro.

Con qué poco nos hacemos cadáveres.

Ya no sé si es tan frágil la vida
o tan infalible la muerte.

Acá cae una nueva mañana
y allá en Siria una nueva bomba.

El destino es esa mierda 
de hombre crucificado.

No hablo de dioses ni de dios
digo de este hombre tan en vos y tan en mi.

Federico Espinosa


jueves, 10 de noviembre de 2016

La cruz y el barro rojo

La lluvia fina es el recuerdo
que me queda del niño,
quizás también el barro rojo
y ese olor a tierra triste,
el día era un ovillo
de minutos que se iban
envolviendo
para tejer las nuevas horas.

Un largo silencio
se quebró lloró la paloma,
y su queja rompió el instante
desentramo la extrañeza
borro el poema escrito
por la nostalgia del día.

Las flores de plástico
eran silencios
que adornaban la muerte.

Aquel día llovía
adentro y afuera de mi.

Federico Espinosa.








lunes, 7 de noviembre de 2016

Risa zíngara

La sangre corre por la calle
el auto ni siquiera se detuvo,
llora una anciana
grita mientras el dolor
como un manto
le tapa el cuerpo,
los nenes de la plaza
miran y aprenden
el significado de la sangre
sin calor ni latido.

Los gitanos se ríen
de la abuela
de su llanto
de la muerte
del pobre perro
que cruzó la calle
y no miro a los costados.

Hay dolores que no se entienden
porque todavía no nos cae la soledad,
ellos se reían de la anciana
como si la muerte fuera un chiste
una alegría zíngara 
un cuento romaní,
en sus voces gruesas
y debajo de sus polleras
también descansa el fin
como una risa silenciosa.

Federico Espinosa






Al Flaco Spinetta

  Te miro desde mi tiempo oigo tu voz fina y ardiente, una musa  se baña en tus rulos, y la otra coquetea con las cuerdas de tu guitarra rud...