martes, 5 de julio de 2016

EL INFORME DEL VERDUGO

La herida estaba abierta, arrojaba pequeños saltos de sangre, que caían sobre el suelo y formaban un charco rojo en la tierra y despedían burbujas blancas, la mano era una venda inservible cediendo al cauce sanguíneo que se escapaba por la fisura de los dedos.
Nada podía hacer, estaba a merced de la negra parca, sabía que el ejecutor cumpliría a la perfección su acto, ya sea por inercia o puro instinto asesino, nada había por hacer, solo cerrar los ojos y entregarme a los designios del destino, pero no es tan fácil renunciar a esta vida, desprenderse de todo aquello que a uno lo rodea, es como que sentir el fin cercano le al hombre nuevos valores, acaso multiplica la idiotez de la valentía.
En un descuido el combate comenzó nuevamente, golpes de puño, patadas, cabezazos y un susurro que bajo la lluvia no se escucho, y otra vez de rodillas en el suelo, con una nueva herida que abría otro boquete por donde la sangre escapaba, esta vez no había atajos para la muerte.
La mirada estaba perdida entre la nada y la lluvia, buscaba quizás la vaga y esporádica esperanza que todo hombre espera, esa añoranza de salvación, ese simple espejismo que trae consigo la inmediata destrucción.
Y mientras el agua adelanta el funeral, la fuerza parece irse de los miembros que poco a poco van perdiendo su calor, solo la voz resiste y pide clemencia es en vano, Julio Cesar diría “La suerte está echada”.
Los sentidos comienzan a ceder pero para apurar el fin la patada llega a la cabeza, y boca abajo los labios se humedecen con el agua y el barro, la impotencia llega en forma de llanto y arrastra el ultimo hálito de vida como un mísero gusano, la terrible sensación de que algo se pierde para siempre y ver frente a los ojos el caño del revólver y recordar todo lo que hiciste en la vida, antes que la bala entre a tu cabeza y reviente tus sesos para asesinarte.
Pobre hombre tuve que matarlo, no sé quien era pero creo que sabía demasiado, fui su verdugo como tantas veces lo he sido de otros hombres.
En el informe de mis asesinatos debo decir que todas las victimas cumplen el mismo patrón antes de su muerte.

Federico Espinosa.

lunes, 4 de julio de 2016

Todo es una extensión del silencio


La uñas crecen más allá de la vida,
escarban el recuerdo
reducido al espacio del ataúd,
se extienden por debajo de la luz
son las raíces del muerto.

Los cadáveres van enraizando
el subsuelo sin dios de la muerte,
y desde abajo socavan
construyen esa historia
parecida al miedo,
van pariendo la imagen
de sus fantasmas.

La rebelión es un ánima
de uñas largas,
“vendrá la muerte y tendrá tus ojos”
vendrá la vida y tendrás tu muerte,
todo es una extensión del silencio.

Federico Espinosa.

martes, 28 de junio de 2016

El fuego en el pastizal

El pasto seco se quema
el fuego lo borra
creando un paisaje distinto,
solo cenizas
y brazas rojas se extinguen
sobre la tierra,
también se apagan los recuerdos
de las sombras de niños
perdidos en el pastizal,
todo se quema con constancia
la constancia es el alma del fuego.
Federico Espinosa.

martes, 7 de junio de 2016

Dejarme ser

El río avanza
hace frío
miro sus aguas
que dejan ir
su sustancia
su alma liquida,
quisiera yo
ese dejarme ir
ese correr
tan desprovisto
de todo,
la valentía inconsciente
de avanzar por el cauce,
ir con la corriente furiosa
doblegando el destino,
desperdigarme sin miedo
dejarme ser para afrontar
lo desconocido.

Federico Espinosa

jueves, 2 de junio de 2016

Mean su culpa


Agarrar ese papel blanco
dejarlo en la urna
fue soltarle la mano
a tu prójimo,
fue decirle adiós
al futuro de los tuyos,
los tuyos tus continuaciones,
mirar para otro lado no sirve
jugás de un lado o del otro
no comprés los boletos
de un simple espectador.

Federico espinosa.


domingo, 8 de mayo de 2016

Mis dos abuelas

Una de mis abuelas es alegre
camina, anda es movimiento.


-Hay que ver el mundo hasta
el último pestañeo- dice

Debes en cuando su corazón
se agranda el medico
le indica que deje de caminar
pero apenas sale del hospital
camina las calles,
peregrina de hijo a hijo
lleva un palo se apoya en él y sonríe.

Tuve otra abuela parca como la sal
vivía encerrada era quietud.

-Ese ya no es mi mundo, los que conocí
ya se fueron- decía

Cuando llovía por días enteros
esperaba que no quedara
ni un alma por las calles
y salía a oler la lluvia
porque en el silencio del pueblo
el aguacero la hacía parte del mundo.

Federico Espinosa.

Al Flaco Spinetta

  Te miro desde mi tiempo oigo tu voz fina y ardiente, una musa  se baña en tus rulos, y la otra coquetea con las cuerdas de tu guitarra rud...