lunes, 12 de enero de 2015

Tirado


Estaba ahí
quietito,
tieso
mirando el cielo,
sus ojo abiertos
eran la herida del espanto,
a que hora habrá sido
yo lo encontré
cuando la noche
parecía ocultar
el pecado del día,
me estremeció
su mirada
y el silencio
de su canto,
el gorrión estaba tirado
la muerte le arranco el vuelo,
y lo que era del cielo
yacía inerte 
como una cosa más
en este amargo suelo.

Federico Espinosa.

viernes, 2 de enero de 2015

Canto a ella.

Entre la bruma
defino
tu cara,
como una hoja,
como un atardecer,
como la oscura
garganta
de la noche.
Te desarmas
en recuerdos infinitos,
multiplicándote
como un milagro,
tienes ese suave silencio
de dios,
esa sutileza perfecta
de flor frente a la brisa.

Tus perfiles extraños
rasgan
mis pasiones dormidas,
y eres entonces
el fuego y el hielo,
la luz y la sombra,
el principio y el fin,
la mujer eterna,
la diosa infinita
y todo eso
que está más allá
de mis pobres palabras.

 
Federico Espinosa.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Detrás del Viento.



El viento escupe arena,
miro
apenas veo la figura
detrás del tierral,
entonces uno piensa
y el pensamiento 
se abroja
al cuerpo sacudido por el polvo,
un yuyo seco
también busca contemplación
y quizás sea eterno en mi memoria,
los instantes se van
y yo sigo el enigma
de la forma que avanza
de eso que da pasos
y que desde lejos
parece un hombre.


Federico Espinosa.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Poema a los zapatos.

Las zapatos han envejecido,
de tanto andar tienen arrugas
su suela negra es una espalda
encorvada.
Pobres zapatos si supieran
que no hay cuero
que le gane al tiempo.
Si hasta su tez oscura
se está gastando,
y no hay pomada que maquille
tantas heridas en estos caminantes.

Mañana les llegara el descanso,
el eterno silencio del vacío,
volara el calor de las medias
como el alma de la vida,
y solo serán una sombra
pudriéndose en la nada.

Espinosa Federico.

martes, 21 de octubre de 2014

Todos mis muertos huelen a lilas.

Comparto este fragmento del poema.

[Todos mis muertos
huelen a lilas,
en sus tumbas
cada septiembre
un color violeta
los ampara,
mi madre
tejió coronas de lilas
para mis hermanas,
que aún yacen
dormidas
envueltas en el dulce aroma
de la muerte,
todavía recuerdo
cuando se fue mi padre
mamá busco brotes de lila
y uno a uno los fue poniendo en su tumba,
nunca entendí el misterio de esas flor en mi familia,
a veces tengo miedo de ser el desterrado
el hijo sin flores en su tierra,
es que el aroma a lilas
es el mágico lenguaje que me une
a los míos, a través de él todos vuelven a la vida,
sin sus flores y su aroma apenas son sombras de fantasmas olvidados.]


Espinosa Federico.

sábado, 27 de septiembre de 2014

PLUMAS










 El vivía en el bosque mucho antes que la familia llegara, pasaba sus días trabajando en árboles, hacia lo que le correspondía. Lo que era su destino.
A mediados de Enero una construcción comenzó a formarse cerca de su hogar, algo lo conmovía pero a la vez le despertaba curiosidad.
Luego de tres arduos meses la familia llego y se instalo en su cabaña, eran tres, el padre, la madre y el hijo que corría por todos lados pisando flores a mansalva y matando insectos que se cruzaban frente a él.
Al llegar la noche pudo observar que sus vecinos tenían luz propia, y como el padre y la madre acostaban al hijo en su cama, también pudo ver como se apareaban sus vecinos.
Un día él estaba golpeando la corteza de un árbol, cuando repentinamente sintió un golpe que lo hizo caer al suelo, como pudo se levanto y se escondió en los matorrales, tenía un ojo totalmente reventado y con el único ojo que le quedaba pudo observar como el niño rompía su casa y reía a grandes carcajadas, nunca les había hecho nada, que clase de animales feroces eran estos vecinos pensó él mientras huía.
Una noche de verano muy calurosa, Ludmila dejo una pequeña abertura en la ventana para que el pequeño no sintiera calor, beso sus mejillas, lo miro, le sonrió y apago la luz de la habitación.
El niño dormía plácidamente cuando de repente un zumbido lo despertó, sentía que algo golpeaba su cabeza, intento gritar y no pudo, el zumbido se hizo más agudo, quiso mover sus brazos pero era tarde, su cráneo cedió al picoteo  incesante que lo consumía.
Por la mañana la madre entro a la habitación, un grito desolador cubrió todo el bosque, el chico yacía boca arriba con sus ojos abiertos y una mueca de dolor en sus labios, pero lo más terrible era el hueco en su cabeza por donde salía sangre y un liquido grisáceo.
Junto a la cama solo había un par de plumas de un pájaro carpintero.

 Federico Espinosa.

lunes, 15 de septiembre de 2014

A la poeta










(A Macky Corbalán)

Viento silencioso
aire sin palabras
arena llorando
su lágrima dura,
el día se cubrió
de un adiós
tan lleno de silencio,
de un hasta pronto
que parece tan lejano,
y entre la mirada y el cielo
solo puedo pronunciar tu poesía.



Al Flaco Spinetta

  Te miro desde mi tiempo oigo tu voz fina y ardiente, una musa  se baña en tus rulos, y la otra coquetea con las cuerdas de tu guitarra rud...