miércoles, 6 de agosto de 2014

Por algo y para algo.





Dicen que un poema no cambia el mundo,
que esas letritas encadenadas en silencio
solo llenan el espacio vacío de una hoja,
que el poema es la voz de un maricón,
el suspiro del tímido, la utopía de un loco,
la vocecita de la mujer soñadora.

Sin embargo hay en mí una sordera obstinada,
una voz de gallo que no quiere dejar de cantar,
esa voz diciendo el mundo no para
la vida no para, la muerte no para,
el hombre no para, vamos arriba de un tren bala,
arriba de un rayo más oscuro que luminoso,
nos desarmamos, nos desalmamos con tanta velocidad
sobre el pecho.

Así pasamos de esa manera nos vamos
meteóricamente hacia la muerte,
yo no quiero irme así, no quiero esta ceguera,
ni esta lengua apagada,
quiero que mis ojos vean las matanzas de Gaza,
el abrazo de la abuela con su nieto,
la pobreza que poco a poco se va comiendo
a tantos niños,
y quiero que mi lengua haga resonar la voz
que deje algo de todo esto en un papel,
en un lugar del espacio cibernético,
en donde el futuro y el destino lo dispongan.

-No escribas poemas el mundo te puede doler demasiado-
eso decía Juan el linyera con sus ojos llorosos,
el día que yo leía bajo la lluvia un poema.

Federico Espinosa.


domingo, 3 de agosto de 2014

LAS CARAS DEL DOLOR

Había defraudado a sus padres, lo sabía. Pero eso era algo que no podía evitar, su vida era una evidencia clara de que el destino es ingobernable y no acepta pactos en su camino.
A veces trasladaba su mirada, la encadenaba de recuerdo en recuerdo dándole forma a su pasado y buscaba en ese recoveco de su mente la sonrisa de la madre y el abrazo inagotable del padre, pero el recuerdo era un espejismo de algo que ya no existía.
Ellos siempre habían soñado lo mejor para sus hijos, desde pequeños les iban indicando el sendero de la buena persona, libreto que a través de los años la realidad va poniendo a prueba y muchas veces lo modifica hasta cambiarlo totalmente.
De alguna manera en el fondo de su ser la decepción la carcomía, a duras penas comprendía el comportamiento de toda su familia, juzgarla y condenarla al destierro, y donde había quedado todo lo que le enseñaron “perdonar y comprender es el acto más sabio del hombre” le decían, pero por qué no cumplían esa regla con ella.
Algunas veces quería odiarlos, arrancarlos a todos de su mente y de su corazón, olvidar parece un arte fácil, dejar que el vacío de la ausencia cicatrice con la mera venda del tiempo suena sencillo pero es imposible, se decía a si misma mientras se recostaba en una cama gastada de hotel.
Por las mañanas le gustaba levantarse y mirar como las madres llevaban a sus hijos a la escuela, era algo que ella deseaba más que nada en el mundo, ¿qué sentirían esas mujeres en su pecho cuando a su lado caminaba la continuidad de su vida?, quizás eso era lo que su familia no le perdonaba, que no haya podido darles un nieto, un sobrino, un niño que sencillamente llevara su apellido.
Cada noche antes de salir, se sentaba frente al espejo, de sus ojos azules caían lágrimas, ella no había querido ese destino, solamente se dio así, y como en un acto de arrepentimiento  se quitaba su peluca rubia y ponía frente a ella su documento, sentirse tan mujer y frente a los demás ser Damián Herrero, era su culpa o solo un mero capricho del destino, o tal vez simplemente la esencia de su ser.

Federico Espinosa.

lunes, 28 de julio de 2014

La lluvia






Y la lluvia me acaricia el rostro
su piel líquida
lava los pecados
siento que ya estoy listo
que la cruz no puede pesar más,
que estos clavos ya no duelen,
que la lanza en mi costado
ya no llega más profundo,
que esta corona de espinas
se queda sin sangre,
que los látigos
solo azotan el pasado,
ahora entiendo
que la vida es una dulce caricia
en los labios de la muerte.

La lluvia cae como el amor
en el alma de la meseta ...

 
Federico Espinosa.

lunes, 7 de julio de 2014

Nadia (la rusa)




Camina sola la rusa Nadia. Camina y baila…
sus pelos rubios, hijos del sol
sus ojos celestes, nietos del cielo
y su piel blanca, hermana de la nieve.
¿Por qué será rusa Nadia?
si yo la siento tan compatriota,
ella habla un mal castellano
¡pero es tan argentina!
Si a veces la imagino,
como una bandera viviente.
Por eso quiero hacerte mi patria
quiero darle al suelo de tu sexo
la semilla de mi sangre caliente.
Porque le juraría a la bandera de tu cuerpo,
o a tu cuerpo de bandera,
no el amor eterno
sino el amor sin fronteras.

Federico Espinosa.

domingo, 6 de julio de 2014

DON JUAN TERCERA EDAD






Don Juan se movía de departamento en departamento con la astucia de un viejo lobo, todo el piso estaba poblado de alegres abuelas, todas viudas y viviendo solas, queriendo apabullar de alguna forma a la extraña soledad que parecía adherírseles a la piel.
El había desplegado todo el encanto que los años y la experiencia le habían enseñado para conquistar a las mujeres, y ya sea porque sus tácticas en el arte de la seducción eran infalibles o porque quizás había nacido con el extraño don de atraer al sexo opuesto, Don Juan contaba sus conquistas por miles, y a diferencia de cierto tipo de hombre embaucador que miente infelizmente con el numero de amores que ha tenido, Don Juan no mentía, era si se me permite la frase un depredador de mujeres.
Todas amaban al viejo pero ninguna se atrevía a contárselo a la otra, quizás por miedo a perder la única alegría personal que tal vez después de años había llegado a su vida, en fin ninguna sabia que formaba parte del harén personal de ese mujeriego empedernido.
La sospecha comenzó cuando Margarita oyó pasos en el pasillo y no pudo soportar la tentación de sacar la llave de la cerradura, utilizando el pequeño orificio para espiar, y vio que Don Juan venia caminando, ella miro su reloj, tal vez la hora había pasado rápidamente, pero no era así, se desespero quizás el viejo quería darle una sorpresa, resignada pensó esperarlo sin toda la coquetería habitual, es que ya no había tiempo; pero imprevistamente el galán maduro golpeo la puerta de su vecina que se abrió lentamente y pareció subsionar la figura de Don Juan, un alerta máximo sonó en todo el corazón de Margarita, y si acaso este amable hombre que había llegado a su vida mostrándole una enorme sonrisa y diciéndole que los años la mostraban enormemente bella, no podía creerlo estaba frente a un vulgar picaflor.
Margarita se dedico a espiar todos los pasos de su amante y en una semana logro descifrar la forma en que Don Juan manejaba los horarios de sus fugaces citas, este hombre era todo un jugador, movía los hilos de la seducción con la precisión de un titiritero, pero esta vez ella lo había descubierto.
Decidida a terminar con toda la gran farsa del sonriente Juan, invito a todas las mujeres de ese piso obviamente el vulgar amante estaba excluido, ella preparo una gran cena, el clima era alegre cada abuela hablaba de sus nietos, de donde irían a pasar las vacaciones; cuando creyó conveniente Margarita interrumpió el bullicio de la cena y drásticamente anuncio que tenía que informar una noticia en la cual todas estaban incluidas, un silencio de aula en examen se apodero del departamento, parada en la esquina de la mesa la abuela comenzó a decir – Alguien ha estado jugando con los sentimientos de todas nosotras y seguramente se ríe a escondidas-
Las abuelas a coro preguntaron de quien se trataba. –Es Don Juan que nos ha estado mintiendo-.
Margarita esperaba que las ancianas estallaran en ira y que como avispas enojadas todas apuntaran sus viejos  aguijones al cuerpo y alma de Don Juan, pero nada de eso ocurrió, pasaron unos segundos más de silencio y repentinamente como si estallara una tormenta resonó en todo el departamento una carcajada formada por las abuelas, ella no entendía nada, pensó que quizás no le habían creído y era lógica su reacción.
Pero una de las señoras le dijo –Eso ya lo sabíamos, pensábamos decírtelo esta noche-
-Bueno ahora que todas lo sabemos propongo que lo hagamos echar del edificio-
-Vos estás loca, tanto tiempo solas, tiradas en unos departamentos que parecen nuestras tumbas, acaso no te has dado cuenta que desde que él llego cubrió el silencio que reinaba aquí con nuestras propias sonrisas, nadie conoce la forma de la felicidad  y tal vez para nosotras esa forma sea Don Juan-
La cena duro toda la noche y adentro todo era alegría.





Federico Espinosa























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lunes, 2 de junio de 2014

Solías




                                      (A un amigo que dejo su color en el tiempo)

 Solías ser ese otro
el de los abrazos tristes
el de la mirada aguada
el que entibiaba el frio con su dolor,
solías ser ese
el pájaro hecho de gotas de lluvia
el espantapájaros en los campos de la soledad
el suspiro congelado que hacia sangrar la garganta,
solías ser
el sonámbulo que caminaba detrás del sol
el pequeño demonio que amaba el paraíso
el charco de agua tan profundo como el mar,
solías
parecerte al payaso triste
habitado por el magnífico fantasma
que mendiga el recuerdo
de las pupilas cansadas del pasado.


Federico Espinosa.

martes, 20 de mayo de 2014

Formas de extrañarte.






Construyendo algo
para decir tal cosa,
eso que hay que escupir
es una línea tras otra,
haciendo la forma
la precisa manera
de este poema
me doy cuenta
que extrañarte
es una realidad
que abate el lenguaje.

No hay formas para tu silencio
ni letras para tu olvido.

Federico Espinosa.

Al Flaco Spinetta

  Te miro desde mi tiempo oigo tu voz fina y ardiente, una musa  se baña en tus rulos, y la otra coquetea con las cuerdas de tu guitarra rud...