Había defraudado a sus padres, lo sabía. Pero eso era algo que no podía evitar, su vida era una evidencia clara de que el destino es ingobernable y no acepta pactos en su camino.
A veces trasladaba su mirada, la encadenaba de recuerdo en recuerdo dándole forma a su pasado y buscaba en ese recoveco de su mente la sonrisa de la madre y el abrazo inagotable del padre, pero el recuerdo era un espejismo de algo que ya no existía.
Ellos siempre habían soñado lo mejor para sus hijos, desde pequeños les iban indicando el sendero de la buena persona, libreto que a través de los años la realidad va poniendo a prueba y muchas veces lo modifica hasta cambiarlo totalmente.
De alguna manera en el fondo de su ser la decepción la carcomía, a duras penas comprendía el comportamiento de toda su familia, juzgarla y condenarla al destierro, y donde había quedado todo lo que le enseñaron “perdonar y comprender es el acto más sabio del hombre” le decían, pero por qué no cumplían esa regla con ella.
Algunas veces quería odiarlos, arrancarlos a todos de su mente y de su corazón, olvidar parece un arte fácil, dejar que el vacío de la ausencia cicatrice con la mera venda del tiempo suena sencillo pero es imposible, se decía a si misma mientras se recostaba en una cama gastada de hotel.
Por las mañanas le gustaba levantarse y mirar como las madres llevaban a sus hijos a la escuela, era algo que ella deseaba más que nada en el mundo, ¿qué sentirían esas mujeres en su pecho cuando a su lado caminaba la continuidad de su vida?, quizás eso era lo que su familia no le perdonaba, que no haya podido darles un nieto, un sobrino, un niño que sencillamente llevara su apellido.
Cada noche antes de salir, se sentaba frente al espejo, de sus ojos azules caían lágrimas, ella no había querido ese destino, solamente se dio así, y como en un acto de arrepentimiento se quitaba su peluca rubia y ponía frente a ella su documento, sentirse tan mujer y frente a los demás ser Damián Herrero, era su culpa o solo un mero capricho del destino, o tal vez simplemente la esencia de su ser.
Federico Espinosa.
domingo, 3 de agosto de 2014
lunes, 28 de julio de 2014
La lluvia
Y la lluvia me acaricia el rostro
su piel líquida
lava los pecados
siento que ya estoy listo
que la cruz no puede pesar más,
que estos clavos ya no duelen,
que la lanza en mi costado
ya no llega más profundo,
que esta corona de espinas
se queda sin sangre,
que los látigos
solo azotan el pasado,
ahora entiendo
que la vida es una dulce caricia
en los labios de la muerte.
La lluvia cae como el amor
en el alma de la meseta ...
su piel líquida
lava los pecados
siento que ya estoy listo
que la cruz no puede pesar más,
que estos clavos ya no duelen,
que la lanza en mi costado
ya no llega más profundo,
que esta corona de espinas
se queda sin sangre,
que los látigos
solo azotan el pasado,
ahora entiendo
que la vida es una dulce caricia
en los labios de la muerte.
La lluvia cae como el amor
en el alma de la meseta ...
Federico Espinosa.
lunes, 7 de julio de 2014
Nadia (la rusa)
sus pelos rubios, hijos del sol
sus ojos celestes, nietos del cielo
y su piel blanca, hermana de la nieve.
¿Por qué será rusa Nadia?
si yo la siento tan compatriota,
ella habla un mal castellano
¡pero es tan argentina!
Si a veces la imagino,
como una bandera viviente.
Por eso quiero hacerte mi patria
quiero darle al suelo de tu sexo
la semilla de mi sangre caliente.
Porque le juraría a la bandera de tu cuerpo,
o a tu cuerpo de bandera,
no el amor eterno
sino el amor sin fronteras.
Federico Espinosa.
domingo, 6 de julio de 2014
DON JUAN TERCERA EDAD
Don Juan se movía de departamento en
departamento con la astucia de un viejo lobo, todo el piso estaba poblado de
alegres abuelas, todas viudas y viviendo solas, queriendo apabullar de alguna
forma a la extraña soledad que parecía adherírseles a la piel.
El había desplegado todo el encanto que
los años y la experiencia le habían enseñado para conquistar a las mujeres, y
ya sea porque sus tácticas en el arte de la seducción eran infalibles o porque
quizás había nacido con el extraño don de atraer al sexo opuesto, Don Juan
contaba sus conquistas por miles, y a diferencia de cierto tipo de hombre
embaucador que miente infelizmente con el numero de amores que ha tenido, Don
Juan no mentía, era si se me permite la frase un depredador de mujeres.
Todas amaban al viejo pero ninguna se
atrevía a contárselo a la otra, quizás por miedo a perder la única alegría
personal que tal vez después de años había llegado a su vida, en fin ninguna
sabia que formaba parte del harén personal de ese mujeriego empedernido.
La sospecha comenzó cuando Margarita oyó
pasos en el pasillo y no pudo soportar la tentación de sacar la llave de la
cerradura, utilizando el pequeño orificio para espiar, y vio que Don Juan venia
caminando, ella miro su reloj, tal vez la hora había pasado rápidamente, pero
no era así, se desespero quizás el viejo quería darle una sorpresa, resignada
pensó esperarlo sin toda la coquetería habitual, es que ya no había tiempo;
pero imprevistamente el galán maduro golpeo la puerta de su vecina que se abrió
lentamente y pareció subsionar la figura de Don Juan, un alerta máximo sonó en
todo el corazón de Margarita, y si acaso este amable hombre que había llegado a
su vida mostrándole una enorme sonrisa y diciéndole que los años la mostraban
enormemente bella, no podía creerlo estaba frente a un vulgar picaflor.
Margarita se dedico a espiar todos los
pasos de su amante y en una semana logro descifrar la forma en que Don Juan
manejaba los horarios de sus fugaces citas, este hombre era todo un jugador,
movía los hilos de la seducción con la precisión de un titiritero, pero esta
vez ella lo había descubierto.
Decidida a terminar con toda la gran
farsa del sonriente Juan, invito a todas las mujeres de ese piso obviamente el
vulgar amante estaba excluido, ella preparo una gran cena, el clima era alegre
cada abuela hablaba de sus nietos, de donde irían a pasar las vacaciones;
cuando creyó conveniente Margarita interrumpió el bullicio de la cena y
drásticamente anuncio que tenía que informar una noticia en la cual todas estaban
incluidas, un silencio de aula en examen se apodero del departamento, parada en
la esquina de la mesa la abuela comenzó a decir – Alguien ha estado jugando con
los sentimientos de todas nosotras y seguramente se ríe a escondidas-
Las abuelas a coro preguntaron de quien
se trataba. –Es Don Juan que nos ha estado mintiendo-.
Margarita esperaba que las ancianas
estallaran en ira y que como avispas enojadas todas apuntaran sus viejos aguijones al cuerpo y alma de Don Juan, pero
nada de eso ocurrió, pasaron unos segundos más de silencio y repentinamente
como si estallara una tormenta resonó en todo el departamento una carcajada
formada por las abuelas, ella no entendía nada, pensó que quizás no le habían
creído y era lógica su reacción.
Pero una de las señoras le dijo –Eso ya
lo sabíamos, pensábamos decírtelo esta noche-
-Bueno ahora que todas lo sabemos
propongo que lo hagamos echar del edificio-
-Vos estás loca, tanto tiempo solas,
tiradas en unos departamentos que parecen nuestras tumbas, acaso no te has dado
cuenta que desde que él llego cubrió el silencio que reinaba aquí con nuestras
propias sonrisas, nadie conoce la forma de la felicidad y tal vez para nosotras esa forma sea Don
Juan-
La cena duro toda la noche y adentro todo
era alegría.
Federico Espinosa
.
lunes, 2 de junio de 2014
Solías
(A un
amigo que dejo su color en el tiempo)
Solías
ser ese otro
el
de los abrazos tristes
el
de la mirada aguada
el
que entibiaba el frio con su dolor,
solías
ser ese
el
pájaro hecho de gotas de lluvia
el
espantapájaros en los campos de la soledad
el
suspiro congelado que hacia sangrar la garganta,
solías
ser
el
sonámbulo que caminaba detrás del sol
el
pequeño demonio que amaba el paraíso
el
charco de agua tan profundo como el mar,
solías
parecerte
al payaso triste
habitado
por el magnífico fantasma
que
mendiga el recuerdo
de
las pupilas cansadas del pasado.
Federico Espinosa.
martes, 20 de mayo de 2014
Formas de extrañarte.
Construyendo algo
para decir tal cosa,
eso que hay que escupir
es una línea tras otra,
haciendo la forma
la precisa manera
de este poema
me doy cuenta
que extrañarte
es una realidad
que abate el lenguaje.
No hay formas para tu silencio
ni letras para tu olvido.
Federico Espinosa.
para decir tal cosa,
eso que hay que escupir
es una línea tras otra,
haciendo la forma
la precisa manera
de este poema
me doy cuenta
que extrañarte
es una realidad
que abate el lenguaje.
No hay formas para tu silencio
ni letras para tu olvido.
Federico Espinosa.
lunes, 12 de mayo de 2014
EL JUEGO DE LA MIRADA
No sé su nombre ni quiero saberlo, tal vez por temor a que esta osadía rompa el hechizo de su imagen casi perfecta, de no ser por el felino que ronronea en su pecho.
A veces cuando conduzco a través de la ciudad y siento que el gran enjambre de edificios comienza agobiarme y a imprimirme en el pecho una presión insostenible, todo se calma porque sé que al llegar a mi departamento esperare a que anochezca para cubrirme de paz cuando desde mi balcón no haga otra cosa más que mirarla, espiarla, ser un mediocre mirón que rompe la intimidad de una persona con el única fin de alegrarse con el arte de mirar.
Ah si ustedes pudieran verla, ella comienza a caminar, lentamente desabrocha su cinto, luego se quita el jean y lo deja caer al suelo de una manera sensual, usa una pequeñísima ropa intima que desaparece de su cuerpo como la sombra lo hace de la luz solar, por último se quita su remera roja y sus senos quedan expuestos ante mis ojos que no hacen más que disfrutar de tan bello panorama, luego se recuesta y lee tal vez alguna novela, y mi mirada recorre su espalda, se sube a su cintura y disfruta de su prominente cola que parece esculpida por el mismísimo Miguel Ángel, cuanto me alegra todo su hermoso cuerpo, por ultimo toma a ese maldito, feo y haragán gato y lo pone en sus senos, mientras el muy estúpido felino pasa sus sucios pelos en sus pezones. Horripilante cuatro patas de cola larga ¡cómo te odio!
De vez en cuando ella sube a mi taxi y yo la llevo siempre al mismo lugar, y en una jaula lleva al gato feo que presiente mi odio desmedido hacia él.
Anoche mientras la miraba caminar desnuda por todo su departamento, vi cuando abrió la puerta del balcón y dejo salir al haragán, el muy idiota se trepo por la azotea y camino bajo la luna maullando como si estuviera llamando a alguien. Decidí esperar tenia la extraña certeza que el gato vendría por estos lados, lo esperaría y lo capturaría. Y así fue. El por fin cayó en mis manos. Matarlo y sentirme mal por ello no estaba en mis planes así que lo puse en una bolsa arpillera y lo tire en el baúl del taxi. Di muchas vueltas hasta que vi un lugar, un baldío oscuro y con un pastizal enorme, tome la bolsa le di unas cinco vueltas sobre mi cabeza y la arroje. Sentí el sonido seco del gato y un quejido, luego subí al auto y me aleje.
Lo extraño es que luego de eso no desee verla más, se había roto el hechizo, o tal vez la magia era el pobre e infeliz gato, tengo un odio megalítico hacia los gatos, mi nueva obsesión hace que todas las noches levante cientos de felinos y los ponga todos juntos en una bolsa, para luego tirarlos en el medio del campo.
De ella no me queda nada. De él el recuerdo de su peluda cara y sus feos bigotes, todos los días lo recuerdo y todos los días lo odio un poco más.
Federico Espinosa.
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