lunes, 12 de mayo de 2014

EL JUEGO DE LA MIRADA




Me gusta salir al balcón por la noche y mirarla, observar cómo se desviste y camina abrazada a su gato que sinceramente es horrible, pero en brazos de esa mujer toda imagen es un mosaico de mármol egipcio.
No sé su nombre ni quiero saberlo, tal vez por temor a que esta osadía rompa el hechizo de su imagen casi perfecta, de no ser por el felino que ronronea en su pecho.
A veces cuando conduzco a través de la ciudad y siento que el gran enjambre de edificios comienza agobiarme y a imprimirme en el pecho una presión insostenible, todo se calma porque sé que al llegar a mi departamento esperare a que anochezca para cubrirme de paz cuando desde mi balcón  no haga otra cosa más que mirarla, espiarla, ser un mediocre mirón que rompe la intimidad de una persona con el única fin de alegrarse con el arte de mirar.
Ah si ustedes pudieran verla, ella comienza a caminar, lentamente desabrocha su cinto, luego se quita el jean y lo deja caer al suelo de una manera sensual, usa una pequeñísima ropa intima que desaparece de su cuerpo como la sombra lo hace de la luz solar, por último se quita su remera roja y sus senos quedan expuestos ante mis ojos que no hacen más que disfrutar de tan bello panorama, luego se recuesta y lee tal vez alguna novela, y mi mirada recorre su espalda, se sube a su cintura y disfruta de su prominente cola que parece esculpida por el mismísimo Miguel Ángel, cuanto me alegra todo su hermoso cuerpo, por ultimo toma a ese maldito, feo y haragán gato y lo pone en sus senos, mientras el muy estúpido felino pasa sus sucios pelos en sus pezones. Horripilante cuatro patas de cola larga ¡cómo te odio!
De vez en cuando ella sube a mi taxi y yo la llevo siempre al mismo lugar, y en una jaula lleva al gato feo que presiente mi odio desmedido hacia él.
Anoche mientras la miraba caminar desnuda por todo su departamento, vi cuando abrió la puerta del balcón y dejo salir al haragán, el muy idiota se trepo por la azotea y camino bajo la luna maullando como si estuviera llamando a alguien. Decidí esperar tenia la extraña certeza que el gato vendría por estos lados, lo esperaría y lo capturaría. Y así fue. El por fin cayó en mis manos. Matarlo y sentirme mal por ello no estaba en mis planes así que lo puse en una bolsa arpillera y lo tire en el baúl del taxi. Di muchas vueltas hasta que vi un lugar, un baldío oscuro y con un pastizal enorme, tome la bolsa le di unas cinco vueltas sobre mi cabeza y la arroje. Sentí el sonido seco del gato y un quejido, luego subí al auto y me aleje.
Lo extraño es que luego de eso no desee verla más, se había roto el hechizo, o tal vez la magia era el pobre e infeliz gato, tengo un odio megalítico hacia los gatos, mi nueva obsesión hace que todas las noches levante cientos de felinos y los ponga todos juntos en una bolsa, para luego tirarlos en el medio del campo.
De ella no me queda nada. De él el recuerdo de su peluda cara y sus feos bigotes, todos los días lo recuerdo y todos los días lo odio un poco más.

Federico Espinosa.

lunes, 31 de marzo de 2014

El amor viaja sobre una bala.




Dominicus está enamorado de la mujer del comisario, ella le sonríe. Él piensa que Cupido se olvido la flecha y puso el amor en la bala de un policía. Dominicus duda entre ser el amante despiadado o el débil patas de lana perseguido por la justicia.
Federico Espinosa.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Pregunta.






Hoy el testamento
dice que la luz se apaga,
el juramento de la vida
se quebró, se borro,
las palabras fueron
apenas un vapor místico
desarmándose en el viento,
y esto que ha quedado aquí
es un hombre conversando,
preguntándole ¿por qué?
a la muerte de ayer.

Federico Espinosa.

jueves, 20 de marzo de 2014

Hombres Monederos.

Y vamos viajando
amontonados,
somos corderitos parlantes
apretados unos contra otros,
el colectivo
se queja,
suena como si fuera a quebrarse,
desde la vereda
hacia adentro
solo ojos tristes,
desde adentro
hacia afuera
se va cayendo la dignidad.

Indalo amarillo
latita de sardina
repleta de pasajeros,
hombres monederos
obligados
al silencio de la meseta neuquina.

Federico Espinosa

martes, 18 de marzo de 2014

Asombro


Y yo caminaba mirando el río, el río de aquel entonces no tenía la profundidad de los recuerdos, era la magia del encuentro, el choque donde la mirada buscaba transformarse en palabra, la ropa de las letras quería cubrir la desnudez del asombro, quería apoderarse de su forma para ser eso que yo no entendía.

 

Federico Espinosa.

lunes, 17 de marzo de 2014

Momentos.



Divisábamos un horizonte que parecía hecho de humo, la triste noticia del sol oculto es la que nos llenaba de frío, y pensábamos en unicornios y pegasos quizás para no perdernos en la vulgar realidad de la vida y su ritual de muerte.

 

Federico Espinosa.

martes, 11 de marzo de 2014

Hefesto






El deforme
camina
desarmándose,
su sombra
es la belleza
oculta
de su alma.

Federico Espinosa.

Al Flaco Spinetta

  Te miro desde mi tiempo oigo tu voz fina y ardiente, una musa  se baña en tus rulos, y la otra coquetea con las cuerdas de tu guitarra rud...