miércoles, 19 de septiembre de 2012

El Bibliotecario Eterno.

Defino su cara como una hoja, como un atardecer, como la oscura garganta de la noche.

Los naufragios cuelgan, son trapos sucios en los brazos de la soledad, mientras ésta camina silenciosa en la oscuridad del alma.

Los ecos galopan hacia los sutiles oídos del poeta ciego que es arrabal y troya, que es principio y fin, Alfa y Omega, voz eterna susurrando las mil y una noche por entre el viento y la lluvia de una Esparta olvidada.